T. Roncero | 08/09/2008
Mi Colegio de niño, el María Virgen, está frente al Bernabéu en la calle Padre Damián. Un día nos llevaron a ver el Museo y nos dieron unos folletos para apuntarnos al Torneo Social. Yo me inscribí en el Equipo Zamorano. Tenía ocho años y debuté con pocos errores. Me dijeron que valía. Más tarde Antonio Mezquita me metió en los Benjamines y me hizo creer en mí. Aquí sigo catorce años después...
No, porque mi caso es atípico. Ellos no me exigieron nada, aunque eso de ir por las tardes a la Ciudad Deportiva del Madrid imponía mucho. La clave es que yo iba a entrenar cada día igual que tenía una hora de inglés. Era una clase más y la familia no me apretaba. Mis padres no tenían una solvencia económica a prueba de bombas, pero en casa no faltaba nada. Eso me ayudó a llevarlo bien.
Pues es verdad. Estaba en el equipo de Tercera y los anteriores responsables de la cantera, sobre todo Ramón Martínez, no debían creer mucho en mí. Pero Michel me reclutó para el Castilla aprovechando una lesión de Dani Guillén. Yo era lateral derecho, pero jugué de tres y salió bien. A los dos meses Capello me convocó para Écija y ya me quedé en el primer equipo.
Sí, pero si trabajabas bien él era siempre justo. Me trató como a un jugador más, olvidándose de que era un canterano. Yo subí para ayudar y él me dejó. Cuando vienes de La Fábrica el dinero no es lo que importa.
Cierto, pero no tiene mérito. Yo valoro la calidad de vida y no me atraen las cosas materiales. Prefiero ganar menos y estar con mi familia, en mi ciudad y en mi equipo del corazón. Firmé lo que me ofrecieron. Si llegan a darme menos lo hubiera firmado igual. El dinero no marca mi vida. No tengo caprichos.
Tengo 22 años y claro que pude cometer algún error en su momento. Pero estoy bien aconsejado y tengo claro que quiero ser importante para Schuster. El fruto lo he tenido este verano jugando más minutos que mis compañeros.
Nunca lo aceptaría. Mis asuntos los llevan mi padre y mi tío, que es abogado. Con eso le digo todo. Las comisiones no me gustan y en el club saben que mi familia jamás jugará a hacer negocio. Soy jugador del Real Madrid, ¿qué más puedo pedir a la vida?
Pues que lo disfrute. Ni me va ni me viene. El día que me preocupe de lo que ganan los demás significa que me habré alejado del fútbol. Debo rendir y justificar mi presencia aquí. Nada más.
Es un gran jugador, pero aquí tenemos que remar todos en la misma dirección y el Madrid que yo quiero es el del día del Valencia. Éramos nueve y nada nos arrugó. La gente olvida que este equipo batió todos los récords el año pasado. La base nacional es la clave de este Madrid de Schuster.
Sí, Panucci. Un ganador nato que sigue dando guerra diez años después de la Séptima. Pero se olvida del otro ídolo que tengo: Raúl.
¡Qué va! Es el tío más normal que he conocido y el que mejores consejos me ha dado en el fútbol. Con Raúl este Madrid volverá a Cibeles. Seguro.
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